Un técnico para Alianza


Tras la partida de Russo, el nombre de Bengoechea toma fuerza con el enorme peso del último título que alcanzó, pero cabe preguntarse qué es exactamente lo que el ‘Profesor’ puede ofrecer y lo que realmente el club espera encontrar

PEGADO A LA LÍNEA, por Juan Carlos Gambirazio

La partida de Pablo Bengoechea de Alianza Lima el año pasado contó con la calidez de quien se va cuando quiere irse. La empatía del uruguayo con el equipo victoriano y sus hinchas sigue siendo enorme y encuentra un peso incalculable en aquel título nacional alcanzado en 2017, tras diez años de sequía preocupante y casi traumática.

Bengoechea se fue por temas personales, no porque su fútbol era rústico o porque Alianza traicionara su esencia sometiéndose a su esquema. Recordemos que la administración buscaba convencerlo de quedarse, de formar parte de un proyecto a largo plazo. Cuando se habla de proyecto se apunta a una influencia en el futuro del club, es decir que existía la certeza de que el fútbol que Alianza mostró en la era del uruguayo se erigía como la mejor fórmula para todas las categorías, según los criterios de la administración. El asunto es que el técnico no continuó y se concretó la llegada de Russo.

En pocas palabras, se le agradecía a Bengoechea por ese título significativo, revitalizante, pero se aplaudía, a su vez, la abolición del ritual del pelotazo como estilo de vida futbolística.

Fue curioso darse cuenta de que con la confirmación del argentino como flamante DT de Alianza surgió también la idea unánime de que durante la gestión saliente los blanquiazules habían atacado su historia. Las redes sociales eran invadidas por opiniones acerca de la enorme oportunidad que el Equipo del Pueblo tenía de reencontrarse con sus principios de juego virtuoso y buen trato al balón. En pocas palabras, se le agradecía a Bengoechea por ese título significativo, revitalizante, pero se aplaudía, a su vez, la abolición del ritual del pelotazo como estilo de vida futbolística. Era el fin de una etapa que bien podría titularse El espectáculo es ganar, frase acuñada por Guillermo Sanguinetti, otro uruguayo embajador de la rusticidad y que, curiosamente, también logró uno de los últimos títulos para Alianza (Copa Inca 2014) y hoy es consultado sobre un posible regreso.

La llegada de Russo era interpretada entonces como una reconciliación con la esencia, una intención de virar la propuesta futbolística del equipo de manera radical. El resto de la corta historia es de dominio público. De Russo se puede decir, quizá, que el principal de sus errores radica en pretender justificar su fracaso aludiendo a temas como el nivel del fútbol peruano, su informalidad y la poca amplitud de su plantel, detalles que pudo tomar en cuenta mucho antes de firmar y de los que pudo enterarse, en el peor de los casos, con una par de horas de navegación por Internet. El argentino se topó con un escenario que no pudo procesar y a esto se suma, por supuesto, que jamás existió química con un plantel en cuya elaboración casi no participo. Es partiendo de esa premisa que podría empezar a abordarse esa suerte de remember con Bengoechea.

A lo largo de toda su etapa como entrenador de Alianza Lima, Pablo Bengoechea fue el único culpable de cualquier desastre futbolístico que pudiera darse en el campo de juego. Jamás apuntó a lo corto de su plantel, a las condiciones inhumanas de alguna plaza, era imposible que alguna vez saliera con frases tan crudas y reales como “Nosotros no tenemos jugadores como D’Alessandro”. Incluso cuando la situación era mala por culpa de errores puntuales en la cancha, el uruguayo siempre tuvo la capacidad de edificar una coraza sólida en torno a su plantel y eso difícilmente alguien podrá negarlo. La relación con su equipo, en ese sentido, era sólida y no hay duda de que elementos como ese desarrollan una responsabilidad distinta por parte del jugador, el compromiso es diferente y eso estaba claro en el Alianza de esa época, fue en gran medida gracias a ese detalle, además de Butrón y Aguiar, que los victorianos logran el título de 2017. Pero, ¿y el juego?

Alianza logra ese título jugando un fútbol desordenado, caótico que, a fuerza de repetirse, se transformó en estilo y con la misma fórmula llega a la final de 2018, aunque esa vez se topó con un Cristal que practicaba el mejor fútbol del torneo y se llevó el título con un resultado global de 7-1

Alianza logra ese título jugando un fútbol desordenado, caótico que, a fuerza de repetirse, se transformó en estilo y con la misma fórmula llega a la final de 2018, aunque esa vez se topó con un Cristal que practicaba el mejor fútbol del torneo y se llevó el título con un resultado global de 7-1, una muestra fehaciente de que la propuesta de Alianza era, cuando menos, engañosa y que, más allá de la importancia de un buen clima de trabajo, con ese elemento no basta para concretar objetivos. ¿Qué se añora entonces al pensar en un retorno de Bengoechea? Primero, un clima diferente, camaradería, comodidad y seguridad. Detalles que el jugador de Alianza que formó parte de ese proceso debe recordar a diario por estos días. La segunda razón es la más categórica, pero también la más compleja: títulos. Con Bengoechea no solo había buen clima sino que, además, se campeonó. El cómo, entonces, parece quedar rezagado a un plano ínfimo. Se termina así la tendencia hacia la reinvindicación de la esencia, superponiendo la necesidad de sumar palmarés, a como dé lugar.

Pero el asunto se torna más complejo si se toma en cuenta que, si bien Bengoechea es el que más fuerza tiene en estos momentos como candidato, también se mencionan nombres como el de Mariano Soso, Gustavo Costas y hasta Guillermo Sanguinetti, como se dijo líneas arriba. Todos ellos con propuestas diferentes y en algunos casos apelando básicamente a buenos recuerdos, como en el caso de Costas. Entonces lo que queda claro es que no existe, al menos en este momento, una certeza de lo que Alianza pretende a nivel futbolístico, si volver a la rusticidad “efectiva” o a la reconciliación con la historia, nadie parece tenerlo claro, ni la administración, ni el hincha, ni la prensa.