LOS DE SIEMPRE


Escribe: Juan Carlos Gambirazio

Por un lado ves a Sheput calificar a Vizcarra de dictador, instando a una platea imaginaria a no permitir que los efluvios tiránicos del mandatario amenacen el estado de derecho. Mueves el mouse y aparece Glave, destacando las palabras del presidente y su intención de aplicar el artículo 70 de la Constitución, cerrando su comentario con una evocación a la Reforma Agraria y al Día del Campesino. Al primero te lo imaginas rabioso, pataleando en su escritorio, destrozando las teclas de su laptop; a la segunda la alucinas en medio de un aura de reivindicación, con una sonrisa de oreja a oreja y, en buena medida, apoyas esa proyección en la imagen que eligió para su Twitter. Y hoy, a la luz de los hechos, te preguntas si los dos se sentirán igual de idiotas, cada uno a su modo, claro, pero compartiendo un mismo sentir.

Y eso que nos apoyamos en dos ejemplos de los miles que invadieron las redes sociales luego del discurso. Es extraño, pero es justamente en la patinada cuando esas dos veredas contrarias y ancestrales se zurran en la carretera que las separa y se convierten en un mismo camino de inconsistencia. Al final, pasó lo que estaba cantado que pasaría desde antes de la toma de palabra presidencial y a uno le cuesta aceptar que tanto personaje se sienta amenazado o, en su defecto, ilusionado con las palabras de Vizcarra cuando, en el fondo, sabemos que nada va cambiar. El show no solo viene de Palacio, sino también de esos polos opuestos que comparten el desatino. Vemos desfilar a periodistas preocupados porque a Vizcarra se le ocurra adueñarse luego de los bancos, a ‘Papa’ Bryce viendo a Maduro en la Plaza de Armas, y a la izquierda ilusionada, alborozada con este nuevo arrebato de aparente dignidad. Ahí estaba también Muñoz y su homenaje a Cantinflas vía redes.

¿Tanta candidez puede existir en la clase política peruana?, ¿o es que a cada bando le fascina el papel que le toca desempeñar cuando el presidente suelta alguna perla aunque tengan claro que es por nada? Parecen estar a la espera de que Vizcarra regale ultimátums de cartón para montar el espectáculo. El final lo conocemos todos, se tranzó con las clínicas, no pasaron ni 24 de las 48 horas, la ecuación era demasiado simple: “Negociamos o te va peor, no sé… tómate dos días para pensarlo”. Por favor…

Vizcarra no puede continuar apelando a lugares comunes como los del “sacrificio”, el “bien común” o el “todos somos uno”, mientras que el MEF desembolsa millones para empresas investigadas por corrupción y las clínicas privadas ajustan un acuerdo a sus intereses luego de que han lucrado con la muerte por más de tres meses.

Yo no creo que Vizcarra fabrique malos para después golpearlos, como dijo Rosa María Palacios, mas bien pienso que cada día se muestra más débil y en ese trance se aferra a una aprobación que intenta conseguir en el peor escenario posible. El mismo día que lanzó su advertencia tocó el tema de los bonos y emitió un video que parecía un spot de campaña. Últimamente se desvive por dejar claro que encontró un país en escombros y hace lo que puede, pero hasta las verdades dichas una y otra vez, cansan. De alguna manera es triste decirlo, pero Vizcarra no puede continuar apelando a lugares comunes como los del “sacrificio”, el “bien común” o el “todos somos uno”, mientras que el MEF desembolsa millones para empresas investigadas por corrupción y las clínicas privadas ajustan un acuerdo a sus intereses luego de que han lucrado con la muerte por más de tres meses. Cuánta gente ha tenido que morir para que el afán de lucro de ese sector te comience a fastidiar. Y decimos que es triste porque todos esos conceptos son válidos, pero trata de plasmarlos sobre un escenario que ya no existe.

En su momento, con absoluta coherencia, Vizcarra lamentó el comportamiento de quienes violaban las medidas dispuestas por el gobierno para evitar el despegue de contagios, pero hace poco, cuando las cifras continúan en ascenso y con lugares en los que el conteo de cadáveres es imposible, comenzó a ceder, yendo desde la habilitación de los servicios de delivery hasta la apertura de centros comerciales, pasando por la reactivación del fútbol, cuando hace unos días la gente ha ido presa por salir a trotar, a correr tabla o pasear perros. El gobierno decide cuándo una costumbre califica como irresponsable y peligrosa. Una contradicción desmesurada en aras del crecimiento económico, un crecimiento que lo único que busca es que las cosas sigan siendo como siempre fueron, solo que con más desempleo y con las brechas sociales más marcadas. Porque esta pandemia no sirvió para redefinir nuestras costumbres, todo lo contrario, fue el elemento ideal para resaltar nuestras miserias.

Todos sabemos que nadie estaba preparado para una pandemia, pero no podemos aferrarnos a esa idea y convertirla en un consuelo idiota. Han pasado más de 100 días bajo esta situación y los pasos del presidente ya no pueden continuar siendo regidos por la improvisación, no podemos permitirnos eso.