Renato Mego: «A veces, una tragedia no es el fin de una historia, por el contrario, puede ser el preludio a una nueva etapa».


En 2021, se publicó Tomé tu vida prestada, una obra que echa mano de los tópicos de la novela romántica tradicional, pero que presenta personajes ubicados en un contexto contemporáneo, de profunda riqueza psicológica y con giros de trama disruptivos. Su lanzamiento fue en formato digital, en función las exigencias de la pandemia en una de sus etapas más crudas, más adelante se ofreció un tiraje corto haciendo que el título todavía pueda ser hallado en algunas librerías del país. Su autor, Renato Mego, nos habla de esa experiencia y del futuro de las llamadas "historias de amor" en la literatura.

Una historia de amor en medio de una escena literaria cada vez más cruda, voraz y descarnada es casi una rareza, ¿por qué apostaste por esa fórmula para tu primera obra?

Porque el amor también puede devenir, en no pocas ocasiones, en una relación cruda, voraz y descarnada. Creo que, en estos tiempos, aún se mantiene una pertinaz asociación entre la historia de amor y conceptos como la felicidad, la resistencia al tiempo o la lealtad. Por ejemplo, María, de Jorge Isaacs, sería una historia prácticamente imposible en estos tiempos, porque nos cuesta admitir que el ser humano de hoy esté involucionado en aspectos como, precisamente el amor. Entonces, me preguntaba si acaso había que mostrar al amor como un proceso afectivo evolutivo, con una pareja que no es ni ideal ni perfecta, con defectos como todos y que, por esas imperfecciones, somete al amor a las pruebas más feroces —porque la vida también es feroz— y también para entender que, a veces, una tragedia no es el fin de una historia, como en la novela de Isaacs, sino, por el contrario, el preludio a una nueva etapa.

Tomé tu vida prestada nace como libro publicado en medio de la pandemia, tal es así que su primer formato es el digital, ¿en qué medida influyó esta emergencia mundial en tus deseos de publicar?, ¿de qué manera operó el confinamiento, la cuarentena y la sensación de incertidumbre en tu proceso creativo?

El libro fue concebido, en realidad, hace más de diez años, pero quedó atascado en el segundo capítulo. La vida corre y uno tiene que ir a su ritmo, por lo que tuve que guarecer ese sueño en un baúl interior. Y, como a veces suele ocurrir, la vida te sorprende y te demuestra, a través de personas que llegan a tu vida, que los sueños no tienen fecha de vencimiento. Es verdad, la publicación en pandemia fue casi una locura; presentación virtual, sin ejemplar a la mano para mostrar.  Ciertamente no era el momento soñado para un escritor debutante, pero si no publicaba en pandemia, entonces ¿cuándo? La pandemia nos demostró nuestra absoluta fragilidad ante lo imprevisible que puede ser tu propia existencia así que sentí que, quizás, no habría otro momento.

Esteban, Gustavo y Marcela son personajes muy bien definidos, distintos y, en ocasiones, hasta opuestos entre sí, a pesar de eso, ¿se podría decir que hay algo de cada uno de ellos en ti?

Creo que siempre hay algo de quien escribe plasmado en su obra. En el caso de Esteban, le entregué algo del humor negro que a veces utilizo. El valor de la amistad y el valor de la palabra empeñada de Gustavo son una parte importante de mi esencia. En el caso de Marcela, le entregué la devoción por una película que para mí es de las mejores que he visto, además de ser, con sus necesarias imperfecciones, lo que creo que el promedio de hombres suele esperar como compañera de vida. Pero son solo pequeñas características. Como decía mi prologuista y amiga, Marysol Ferreyros, hay una combinación de ficción y realidad necesaria para aterrizar una obra y convertirla en una historia que sea creíble, en la que el lector pueda identificarse con alguno de los personajes.

Tu novela, por sus características, puede identificarse con un grupo de novelas con temática similar, autores como Gabriel García Márquez y Alonso Cueto, ¿cuáles fueron tus principales referencias literarias al momento de fabricar esta historia?

Sin duda, ambos, cada uno desde sus respectivos estilos, tienen características de interesantes de las que, modestamente, trato de aprender.  De ambos aprecio la posibilidad de ingresar en los pensamientos y emociones de los personajes (aunque creo que García Márquez ahonda un poco más en ello). Y es que ese conocimiento interno del personaje puede ser una herramienta para entender el porqué de sus acciones y eventuales evoluciones a lo largo de la historia. En el caso de Esteban y Camila, por citar un ejemplo, se entregan una mutua declaración silenciosa en uno de los puntos más importantes de la trama y que desnuda, desde sus sentimientos, sus asombrosas coincidencias. El uso de los tiempos y la descripción de los espacios y lugares es algo que tomo de Alonso Cueto. El iniciar y terminar con fechas determinadas en la obra implicaba —como ocurre con cualquier obra— mantener una estructura lógica que haga que la trama se desarrolle con coherencia en tiempos y lugares, lo cual pasa por tener una estructura de personajes muy definidos, su interrelación (lo que implica, en muchas ocasiones, una serie de conflictos) que llevan a un final que no necesariamente es el esperado. Y estos personajes, en algunos casos, son llevados a situaciones límite, porque esa es la naturaleza humana. Una obra, si trata de contar una historia verosímil, en la que el lector pueda identificarse con algún personaje, implica que ese personaje sea tan real como sea posible, esto es, con miedos, defectos y virtudes que cobran luz precisamente en esas situaciones límite.

¿Crees que las historias de amor seguirán teniendo cabida en la literatura con el paso de los años? y, de ser así, ¿consideras que deben operarse cambios en la calidad de los personajes y de las tramas en función a los tiempos que se viven?

Depende del enfoque. Aun más, no estoy tan seguro —y sin querer, el libro se convirtió en una pretensión— de definir a una novela que cuenta una historia de amor, como una novela romántica. Me viene a lamente la definición de la RAE como aquella historia con personajes y ambientes muy convencionales y en la que el amor de los protagonistas triunfa frente a la adversidad.  Suena bonito, es verdad.  Suena ideal, también. Pero la vida es distinta. Tomé tu vida prestada tiene personajes que pueden ser resistidos, pero no por ello, irreales; personajes que utilizan, en casos extremos, un lenguaje que linda con la procacidad pero que está colocado en los momentos necesarios. Tiene un final que no es el esperado. Y es que el amor suele ser un camino que lleva a destinos a veces inesperados.  No podemos cerrar los ojos o esquivar la mirada a la realidad. Entonces la respuesta es sí. Creo que es necesario apartarse del concepto tradicional y, para ello, es necesario aceptar que los personajes deben ser mostrados desde su lado visible y su lado oscuro; las tramas deben ir de la mano con una realidad que golpea, que avasalla que es una constante carrera de largo aliento y entender que el no tener un final feliz puede, incluso, ser una victoria o una apuesta al futuro.

¿Qué sensación te deja la experiencia con el libro digital?, el Perú no es un país que consuma mucho ese formato, con la pandemia hubo un alza, pero no fue determinante.

Yo pertenezco a la generación de la máquina de escribir, de la computadora Sinclair con televisor y casetera. Soy de aquellos que valoran el poder del lector sobre un ejemplar físico. Mi generación creció así, con la posibilidad de marcar con plumón fosforescente un párrafo importante, con el uso del marcador de cartón para colocarlo en la página en que se hace la pausa en la lectura, con el libro físico guardado en el librero como un bien preciado y que le da esa sensación (y certeza) de pertenencia. Pero, como siempre, sigo la frase de Bob Dylan, los tiempos están cambiando y hay que saber entender el huracán.  Los medios digitales, no cabe duda, otorgan una gran ventaja en diversos aspectos. La pandemia llevó al encierro, lo que llevó, a su vez, a reformular costumbres y a realizar actividades que quizás estaban relegadas. Y también constituye un universo nuevo para el escritor, quien tiene nuevas ventanas de exposición. Pero un mayor incremento del uso del libro digital tiene que ir de la mano con la posibilidad de acceder al mundo digital. Y esa es, probablemente, la valla que debe salvarse.

Tomé tu vida prestada es tu primer libro, pero ¿lo que publicarás en adelante mantendrá esa tendencia?, ¿lo romántico siempre va a transitar por tus páginas?

No tengo la intención de encasillarme en la novela romántica. Con Tomé tu vida prestada ocurrió que fui, digamos, testigo accidental de una historia a la que le sume varios aspectos de ficción, cambié el destino (y el pasado) de los personajes y les otorgué un final distinto, siendo consciente de que habrá quien no sea afecto a leer una historia de amor, rara, distinta; pero de amor al final de cuentas. Incluso, el final de la obra es la conclusión de otra historia real que decidí incorporar. Aunque es imposible negar que el amor siempre es un tema permanente en la vida de (casi) todos. Y es que cuando uno escribe sobre la vida, ello implica tener que abordar diversas temáticas y es evidente que, siendo las novelas descripciones de historias, en algún momento el amor sea parte de alguna de ellas porque la existencia humana no es posible desligarla del amor, aunque sí de lo romántico. Pretendo escribir historias con cierta base de realidad y es que en la vida también hay historias de esfuerzo, de realización personal, de amistad, de alegrías y también de rencor, odio o dolor.

El personaje de Esteban es un antihéroe que termina encontrando una especie de redención que se sostiene en una experiencia del pasado, ¿consideras que siempre los comportamientos dañinos parten de una experiencia personal?, ¿no podría existir la maldad por sí sola, sin motivos?

Somos la suma de nuestras vivencias. Buenas y malas. Desde esa perspectiva, no solo los comportamientos dañinos, sino también los positivos surgen sobre la base de nuestras experiencias. Si un niño vivió rodeado de amor, respeto, lealtad y responsabilidad, lo más probable es que todo ello lo lleve muy internalizado y aplique en su vida adulta. Pero, del mismo modo, las vivencias negativas pueden marcar un comportamiento negativo futuro y, he aquí, lo que determina la capacidad del ser humano en decir «yo no quiero esto para mi vida». Sí, Esteban Alvarado es un antihéroe, un protagonista con grandes defectos y a quien algunos lectores pueden querer u odiar, y creo que ello hace que —entendiendo que se trata de una historia de amor— Tomé tu vida prestada no sea la típica novela romántica, sino una historia en la que se va encontrar un final absolutamente inesperado, sin que ello signifique la inexistencia del amor hasta su última línea.

¿En qué medida se te hizo complicado fabricar personajes femeninos, en este caso y principalmente, el de Marcela?

Si ya es complicado ingresar en la mente de otra persona, es mucho más difícil crearla y doblemente difícil si creas un personaje de género distinto al tuyo. En el caso de los personajes femeninos, fue básicamente recordar gestos, conductas y reacciones de mujeres sobre las cuales se fueron formando los caracteres de los personajes y sobre esa base, crear la psique de ellas. Lo más complicado fue crear el interior de Marcela Seminario, mujer sometida a conflictos, cuestionamientos, decepciones y dolor. Entonces, había que otorgarle reacciones lógicas y creíbles.  Para lo cual tuve que recurrir a mujeres a quienes consulté cuáles serían sus reacciones frente a circunstancias que serían afrontadas por la protagonista e, incluso, someter a su juicio partes de textos. Sin embargo, hay una escena entre Camila y Esteban en la que ella describe sus emociones y que, por su intimidad, fue sin duda, la más difícil de lograr.

¿Qué proyectos literarios tienes en mente para el futuro inmediato?

Este año tengo la ilusión de terminar mi segundo libro. Es la confluencia de la historia de tres migrantes en las que se enfocan características marcadas en cada uno de ellos: amor, valentía y resiliencia.  Este es un trabajo más complejo porque, si bien en cierto, son historias de ficción, era absolutamente necesario indagar sobre aspectos propios de los fenómenos migratorios, realizar entrevistas y hurgar en datos históricos para darle el valor de verosimilitud a la historia. Luego de ello, desarrollar una historia de amistad y lealtad entre un anciano solitario y un niño desarrollada en los años setenta, con ciertas pinceladas autobiográficas.