Pequeña antología poética por el Día Internacional de la Poesía


Hoy celebramos el Día Internacional de la Poesía y no podíamos encontrar una manera más idónea para homenajearla que recurriendo a algunos versos de voces clásicas de nuestra poesía y también a aquellas voces contemporáneas que comienza a afianzarse. A disfrutar.

Marco Martos:

Último informe de don Damián de la Bandera sobre las condiciones objetivas en la muy noble y leal ciudad de Guamanga, en el año del Señor de mil novecientos sesentainueve (De Cuaderno de quejas y contentamientos)

De baba diminutos esteros, de orines,
tierras cortadas a cuchillo, por centurias
jamás visitadas por el agua.
Para quien busca compañía,
para quien busca soledad, dura es la tierra de los molles;
vocingleros crecen junto a las pencas
y poco más tarde canes acezantes vigilan tu morada.
A piedra y lodo (con qué agua)
cerradas las mansiones coloniales,
cerradas las iglesias,
cerradas las puertas de las casas;
en Burgos un oscuro temor
se guarece y difumina en los pliegues de las sotanas.
Modosas, genuflexas, sibilinas
lenguas osan hablar con desenfado, se adjudican favores,
advierten tus pasos, adivinan tus sueños;
amarus venenosos, no solo canes, lenguas
tienen por oficio vigilancia, vigilancia.
Trotamundos nacido en las cascadas, dime,
qué conjuro, qué maleficio tan bien hecho,
qué mago de la costa, qué Naylamp
endulzó tus oídos, cerró tus ojos tambaleantes
y como a infante recién nacido
te condujo a la tierra de los molles,
donde el agua llega con cebada, con fermento de maíz
y no es agua,
donde peces disecados o leprosos por los años
se rematan en las plazas.
Para quien busca compañía,
para quien busca soledad, dura es la tierra de los molles;
vocingleros crecen junto a las pencas
y poco más tarde canes acezantes vigilan tu morada.
La cárcel espera, con las puertas bien abiertas,
a quien quiera cambiar la miseria de Huamanga.

Primera versión (De Carpe diem)

Si deambulamos por las calles de Barranco
uno a uno perfilamos los pasos de la especie,
y si una mano se niega, compulsiva,
a la mía que estremecida se le ofrece,
es la tuya y es la otra y la otra y la otra,
primera mujer que ante varón se conmueve.
Y quien reprocha a la razón mucho dominio
sobre gestos que lentamente mi cuerpo tiene,
es tu voz, por supuesto, a la deriva, entre
luces de carros que se apagan y se encienden.
Y quienes se entregan un ratito y otro largo
al amor, somos nosotros, limpios mal que pese.
y aunque el tiempo pase veloz y dé miedo
mientras el toque de queda nos envuelve,
si deambulamos por las calles de Barranco
uno a uno perfilamos los pasos de la especie.
El día es circular, lo supongo muerte,
y este verso con desaliño mal repite
otras líneas de desafío y amor perenne.
Y aun sabiendo de antemano la tristura
que tu instante de amor acaso deje,
cuando te vas, y ya te has ido, es la muerte,
el derrumbe inesperado, el derrumbe simplemente.

Wáshington Delgado (Dos poemas de Formas de la ausencia)

Te estoy perdiendo
en cada voz que escuchas,
en cada rostro que contemplas
en cada gesto tuyo,
en cada lugar
que recibe a tu cuerpo.
Ser
como la luz que te envuelve,
por la que dejas
un retazo de sombra.
Ser
como la noche
que te obliga
a un pensamiento,
a un deseo, a un sueño.
Ser
una materia leve,
una corriente extensa
que te persigue siempre.
No ser
esto que soy
y que te está perdiendo.

El extranjero

Pregunto por mi patria,
por su noche inacabable y su leyenda.
Toco los ojos de los ancianos,
respiro en el sueño de las doncellas
y pregunto, pregunto por mi patria y mi niñez.

Los juegos secretos de mi infancia,
la sombra de mis antepasados muertos, la historia
llena de héroes y de músicas,
como una aurora inacabable,
las banderas, los himnos y los sueños de mi patria
yacen en una comarca callada para siempre.

Busco, busco en vano
un país sumergido en las sombras,
una mansión abandonada, un cadáver
rodeado por la noche, el lecho
de unos amantes evadidos.

Un viento invariable arrastra hacia el olvido,
cuya sombra es la muerte, los despojos
de una vida posible que me esperaba.

Soy el olvidado habitante de una patria perdida,
abandoné sin tocarla una niñez dichosa
y ningún día me dirá el secreto
que a veces ilumina la miseria de los hombres.

Pregunto por mi patria
y mi esperanza busca una palabra, el nombre
de una ciudad antigua, de una calle pequeña,
de una fecha de victoria o desolación,
el nombre, el dulce nombre de un amor secreto.

Si toda esperanza surge del pasado
nada en verdad poseo, y sin embargo
pregunto por mi patria y mi niñez,
por los días que he vivido y la alegría.
Más nadie me conoce
y yo nada conozco sino la muerte.

Ale Pastore (Dos poemas de La distancia del tiempo)

Mientras me alcanza la niebla

Dormiré este otoño
olvidando mi pena,
lloverán los ríos
aguardando el olvido,
si despierto bajo el brillo de la luna,
¿dónde abriga el frío?
si cayó mi corazón vacío.
Dormiré anclada
apagando el llanto,
cerraré los ojos
abriré el camino,
tengo fe en mi destino.
Vivo ardida,
cuando dormida mi luz anida.
Dormiré bajo el arroyo
de mi piel latente,
mojaré mi sien aún ausente,
que la niebla alcanzarme no pueda,
y en las rosas sus espinas mueran.
Palabras que ahuyentan y callan
fatigada, extasiada, ya no importa nada.
¿Cuánto gritan los años?
en mi propia dicha y engaño,
soy poeta del mar
perdida en un inclemente río,
despertar besando la lluvia sin miedo,
mientras me alcanza la extrañeza
de mi hilvanado desvarío.

La condena de tu delirio

Me encuentro nadando
en el silencio de mis pesares,
sobre costas acantiladas
aplacando mi lamento.

Piel ajena y desnuda
bajo el ruido del agua,
mojando mis manos
limpiando mis lágrimas.

Has calado en el deseo
volviéndolo condena,
aún sabiendo que
a tus labios
siempre fui ajena.

Ocultaré mi cielo invisible
en el silbido del viento,
para aparecer en las noches
y acariciarte durmiendo.

Renuncio a escondidas
a la lejanía de mi martirio,
quien escuchará mi lamento,
en la condena de tu delirio.

Rocío Valencia (Dos poemas de Ríos revueltos)

Tu amante

Soy tu amante
Aquella que grita tu nombre en la playa
Soy el trueno y el incendio
Aquella que lame tus heridas después de la tormenta
Y acaricia con su lengua de vino
El filo de tu barba
La punta más arqueada de tu espalda

Soy la espuma salada que acaricia el borde de tus sueños
Tu arca
Tu amor
Tu amante

En medio de la arena
Me desnudas con furia
Y luego de amarme me abandonas
Te dejo y me subyugas aún

Ahí en el cráter más humeante
de mi cuerpo
donde dieron su primer grito nuestros hijos

Te yergues victorioso
cual montaña al centro de la tierra
Vuelvo a gritar tu nombre a las estrellas
Y reverdece la hierba seca de tu pecho
Vuelves hacia mí tus ojos de algarrobo
reflejando extasiado el canela de mi cuerpo

Volvemos a los manantiales de nuestras primeras ilusiones
donde la cascada baña de cristales plateados
la luz de nuestros cuerpos

Mis manos
estirándose y encogiéndose dentro de las tuyas
Tus lágrimas lavando las heridas del pasado
En medio del sol y la lluvia

Ha vuelto el presente
a nuestra habitación
abrasando el fuego de tu corazón
—Sin temores—

Besando el océano de tu boca
Sin pensar en el tiempo
Poseyendo centímetro a centímetro
el terreno completo de tu cuerpo
—Sin culpas—

El tiempo del amor

En memoria de mi primer amor.

Niño azul
Manos blancas
Plumas, tus palabras
Tus ojos dos luceros

Niño azul
Haz de luz en medio de la niebla
Y de mis tinieblas mustias
El tiempo del amor no es eterno
Es el tiempo perfecto del amor

Son tus diecisiete
Y mis lejanos dieciocho
Nuestra primera cita en la biblioteca
El tiempo del amor no es eterno
Pero el momento dura toda una vida
Es la primavera del alma
Son tus tímidas primeras visitas
Aquel beso a plena luz del día
Nuestra primea pelea
Y tú devastado ante mis lágrimas
En aquel rincón de la universidad

El tiempo del amor no es eterno
Es el mar cuando se yergue y se encrespa
Para bañar la arena y fecundarla

La fusión del Sol con la Mar
En un instante de acuarela
A la hora sagrada del crepúsculo

Es el rojo de estos versos
Que la distancia y el tiempo han vuelto rosados

Nuestras almas tienen pena de sus vidas
Nuestras casas flotan hacia un nuevo amanecer
Nuestra juventud zarpó columpiándose en la falda de la marea
De una tarde de final de otoño
En Miraflores

El sueño nos transporta al país imposible
Al tiempo del amor; de la verdad; de la libertad

En aquel país que es eterno
Te veo acariciando mi rostro
Tu mirada y la mía se derraman como ríos
Y mi corazón se llena como una copa de vino
Otra vez

Nacemos del agua
Dentro del azul de nuestro manantial

El tiempo del amor no es eterno
El amor es un lugar y un momento
Un beso que nos regala Dios.

Andrés Sotil (Dos poemas de Cojudigno, dijo el Fujifacho)

Grau hoy

¿Qué vería Grau en el Bicentenario?
Ser el Primero que la Lista llama.
Plazas con su nombre por su gran fama
y al Perú listo para el Calvario.

¡Al Huáscar! diría el Legendario.
¡Arreglemos esta infame trama!
Pero unos gritan ¡No a la Retama!
Y otros ¡Con la China robo a diario!

¡Almirante! se repitió Iquique
El Once encalló la Democracia
Un milagro pararía el pique.

Peruano, ¿y qué pasó con tu audacia?
¿Proteges lo que no te perjudique?
Sin honor, ¡vivirás una falacia!

¿Cuándo se jodió don Mario?

Así gritan en mi memoria:
«¡La peor de las traiciones,
su nombre ni lo menciones!
¿Él? ¿Garante de la Escoria?»

«¿Ya me olvidaste, Mario?
Te convertiste en mi padre
que dejó que su “compadre”
me aplique este calvario.
¿Por proteger al bancario
pactas con el verdugo ruin
deseándole este fin
a quien te dio su confianza?
¡Esto debe ser venganza!»
Urania se siente en el SIN.

«¡El verde era tu color!»
un tal Don Anselmo increpa.
«¡El naranja no es cepa,
ése es el Mal Mayor!
¡Don Mario que tal error!
¿Dónde quedó tu inventiva
y tu pluma disruptiva?
¿Será que así termina,
con tu apoyo a la China,
tu vida tan persuasiva?»

El Jaguar grita indignado
«¿Dónde quedaron tus sueños?
¿A la vejez tienes dueños?
Ni el Esclavo ahuevado,
ni tu Poeta aniñado,
se osaron a cruzar,
mucho menos violentar,
los principios de una vida,
siempre mordaz y sabida.
¡Tu pluma hacía temblar!»

«¿Cuándo se jodió Don Mario?»
Repregunta Zavalita
«Esto no es por la guita,
le jode el ideario
y el pobre plan tan precario
de Cerrón y el lapicito.
¡Mejor, la hija del Chinito!»,
defienden Lu con Javier.
«Comunismo a vencer»,
es del Director su grito.

«Este Cadete ya fue,
a todos quiere calato.
Negado de candidato,
nos ha perdido la fe.
Justifica su traspié
en su miedo a los rojos
y así se quedó sin ojos
para la pus naranjienta»,
Gamboa nos argumenta,
«No las puso en remojo.»

«Dejar los principios nunca»
escribe desde su exilio,
recordando ese idilio,
Panta con carrera trunca.

«El cinismo ya no funca,
no queremos lavadoras,
ni borrón de constructoras»,
nos recuerda Pichulita
que disfruta de su cita
con bellas Visitadoras.

Don Mario, haznos este favor,
vuelve con tus personajes,
es hora que hoy te fajes.
¡Detén a la hija del Dictador
y al Nobel devuélvele su honor!

Poemas de la antología Miércoles 69

Constelaciones (Gabriel Espinoza Suárez)

I

Abre los ojos

Río arriba flota una sonrisa
Y en el aire los peces
Sigilosos descuelgan la boca del anzuelo

Oh niño
Abre los ojos

El universo desciende en cascada

Bebamos el suero lento de esta tarde
Mientras oscurece el oro rojo
Y los cuerpos interrogan el paisaje
Tibio es el aire y grande la nostalgia

II

He vuelto a rezar con los ojos abiertos
He visto a un niño
Manchado de luz
Amarrando el sol a su estaca

Me dijo:
Desordena tu rebaño
Déjalo rumiar las ondulaciones del pasto

III

Creo en dios
Creo en el sol
Creo en la sombra
Creo en la nariz
Creo en mi lengua
Creo en la desaparición de la boca

Un racimo semejante
Bermellón
Preserva las moscas

IV

De la boca sale un río que adelgaza la boca:
El aire es
La infancia
La oscura voz
Respira el oído
La sed con nuevos brotes la boca
Mirando al cielo del paladar
Oh árboles
El horizonte es más dulce que un secreto en los labios
Oh
Mezcla ondulante
Lengua
Abre y cierra las constelaciones
Acaricia la fruta carnosa táctil
Racimo de sangre, pliegues morenos
Semillas amargas no pensé que germinaran

Rêverie (Jesús Manuel Chuchón)

Hoy quiero decirte algo
hablarte de mi zapato
y de mi casa rosada.

Hoy quiero decirte algo
como el cantar de las aves
y que vueles coqueta.

Hoy quiero decirte algo
ser franco como las hormigas
y seguir un solo sendero.
Hoy quiero decirte algo
bajar el volumen
llevarte flores,
y comer un helado.

Hoy quiero decirte algo
antes de despertar
antes del amanecer
antes de vivir.

Hoy quiero decirte algo
llevarte serenata
20 21
bailar con tus ojos
soñar con tus dedos.

Hoy quiero decirte algo
insinuar una noche
ser tu testigo
ser tu rêverie.

Limpieza (Juan Ascanio)

Empecé a buscar en los rincones
Los pedazos de cartón que cayeron de la caja rota
Y encontré las migajas del pan que no comiste.

Han pasado cien días y sus noches,
Ya no duele tanto tu ausencia
Pero hoy quiero empezar a limpiar tu presencia.

Bajo la cama había un listón empolvado
Sin mirarlo, a la basura lo he tirado
La estatuita de plomo la guardé en un cajón
Y tu cepillo lo usé para quitarme las costras.

Guardé los regalos que me diste
La ropa de cama la pasé toda por la lavadora
y tus libros los estoy regalando a la escuela
El lunes iré a Chorrillos
para aventar tus cenizas al mar
Y así poderte olvidar.

Cincuenta segundos (Jorge Paredes Laos)

El semáforo cambia a rojo.
Cincuenta segundos.
Esquina de La Mar con Riva-Agüero
y entre los autos se escabulle un hombre pequeño.

Las piernas duras como dos arcos,
los tríceps y bíceps marcados,
el short de futbolista, el polo mojado…

Parece que corriera una maratón
si no fuera por la ruma
de periódicos que lleva en el hombro.

Treinta segundos.

Salta entre los carros,
grita Trome, Ojo, Correo,
parece un equilibrista,
apenas una sombra esquiva

Diez segundos.

Un diario a la volada.
Los carros arrancan,
el hombre cruza la calle como una liebre.
En la esquina de enfrente
repite su rutina, incansable.

Siempre cincuenta segundos.

Marica y serrana (Manuel Nieves)

Yo, la preferida del chacal,
La reina del sindicato,
Heredera de Collas y Lupacas,
Digna, pero nunca de arrabal.

Yo, más artística que nunca,
La del taco alto y dorado,
Me saco los aretes broca,
Antes de pelearme en el mercado.

Yo, la que al viento da la cara,
A la bofetada, al insulto,
A la mueca rara.

Yo, la de piel cetrina,
Sangre huanca, mirada de cóndor,
Yo, la marica y serrana.

Tendido (Oscar Gilbonio)

No siempre es agradable guardar cama
inútil de algún modo.

Cada cierto tiempo acuden a tu lecho
vestidas de blanco.
Confirman si perduras tendido
bien tendido sin alzarte un poco
bien atado a la venoclisis.
Y vas contando el goteo tedioso
afligido en tus entrañas
algún peso en la vida superior a las cosas
un esfuerzo desmedido y perentorio
hernia azarosa del mundo anulada
siete puntos sensibles todavía.

Hay que estarse quieto,
ante noticias aparatosas de la gran pantalla.
permanecer impasible
todo plano y supino
sin saber cuánto.

Señorita,
¿será que me dan de alta?

Poemas en Loboso (Lizeth Pacco)

Loboso 2

Lobo en tus hojas
mirada febril
qué angustias piensas por aquí
mi alma perdida te halla en sus viajes
si sigues por esta senda, lobo, yo me quedaré a tu espera
tus tú, y mis yo, coincidiremos
en tus ojos lobo hay frescor
el viento se lleva tanto de ti
y tú tan callado te dejas ir
te estás yendo
ya no te tengo
ni me tengo
lobo en tus hojas
quizás de recuerdos de aromas me sostengo.

Loboso 3

Sin embargo, tú afrontas
y mi alma desdoblada
solo atina a huir
jamás sentí tantas patas tanto peso en mí
es difícil llegar lejos
si ni me muevo
atascada en esta tierra árida
sé que me veré en tus ojos
tus ojos,
tus ojos,
mis ojos
anduve tanto tiempo sin mirarlos
el espacio para atraparme
sin embargo, es lejano y estoy ausente
las columnas del viejo bosque
solo encierran un lugar oscuro a donde escapar
¿escapar?
Sí quizás afrontar lo oscuro
este sin saber, esta maldita ignorancia
de saberse libre desde hace mucho
desde hace muchas pieles
desde hace tantas muertes
quizás soy egoísta de andar contigo
alma vieja, atrevida y tenaz
pero viva como llama de esta caverna
que me ahoga que me da la existencia
tierra de nadie, sí más viva, pero bajo nosotros.
Los egoístas esperamos sobre ti.

Loboso 4


Lobo, en tu cuerpo reposa toda mi ansiedad
el viaje de crecimiento es largo y solitario
mis recuerdos son simples:
el pasto verde
el riachuelo
y el tronco viejo

Cuando veo tus garras aferradas a la grama
dándote sombra de esa rama que parece florecer
comprendo tu paz
tu exilio te ha matado y ves lo de afuera con sigilo
a mí me causas ternura
eres familia del bosque para estar
lo que llevo te nutre la mirada
ojos y ceño de atención sobre mi hocico
el hambre une especies como nosotros
los excluidos
las flores de tu campo te cubren de la asolada temporada
para mí ese árbol es muy espigado y delgado
no me cubre ni aclara debo seguir otro rumbo
sin mirarte ya
tendrás que aprender a irte y no esperar la caída del tronco
lo años llevan ventaja
a nuestros limitantes sueños mentales
esos de andar, de buscar, de ser otros diferentes
tú, oso; yo, lobo
en tierra con paja y tierra con verde
allá lejos está la discordia de muchos
nosotros solo somos un par de errabundos

Ella (Luis Eduardo Ayala)

I


tu nombre pobló ciertas ecologías
hizo crecer lirios en cables y en postes de ciudades
provincianas
germinó cantutas en candados y en bocas de grifos
e hizo brotar qantus en mis zapatos

cómo se han expandido las sílabas
que ciertas palomas cargaron tus vocales
en sus lomos de jinetes febeos
y las consonantes fueron a su suerte
naufragando en ríos clandestinos

una a una intento reunirlas
nuevamente quiero sentir la miel de la sonrisa
por eso voy preguntando a los faroles
voy entre parques para que mis ojos caminen
y fatigado en las noches subo a los árboles
para dormir cuando encuentro un nido vacío
sé que las sílabas se esconden de mí
están huidizas como los piojos de mis barbas
como colibríes

quiero encontrarlas

entregarles los pedazos de este corazón ennegrecido
cantar la dicha del reencuentro desde el Big Bang
donde estuve abrazado a ti y tu nombre
y estuvimos juntos
muy juntos

Danzante (Arliss Aparicio)

...Mamacha Carmen...

Quiénes se habrán creído estos maqt’as
para traerme a la plaza Paucartambo
todos me miran con cara de morbo
Ukukus, Qhapac Qollas y Qoyachas

Me postran a tus pies Virgen del Carmen
filigranita mía de oro y abalorios

Resuenan en el templo campanarios
saqras rabiosos en tejados gruñen
Los maqt’as chocan sus látigos negros
contra el suelo, partiendo en dos el viento

Te pregunto exquisita Mamá Carmen
¿Es pecado bailarte entre Qhapac Negros?
No tengo máscara, lo sé, tampoco comparsa
¿Acaso no puedo bailarte sin ser danzante?

Elegía para un poeta (David Blanco Bonilla)

Para Alejandro Romualdo.

Ayer te encontraron muerto, poeta,
Como un viejo baúl abierto
Sobre el frío manto de la soledad

Y los años cansados
Nos contaron que tu corazón, poeta,
Había decidido abrazarse con la noche

Ahora nunca sabremos
Qué horizonte naufragó en tu última mirada
Ni en qué brazos durmieron tus silencios

(Alguien declaró luego
Que eras un hombre triste
Y una mujer contó que todos los días
Comías en su restaurante de barrio)

Sospecho que tu acuerdo con la melancolía
Ya había expirado
Y por eso partiste lejos
Como un pañuelo arrastrado por el viento

Pero no puedo dejar de preguntarme, poeta:
¿Debe morir un hombre solo?
¿Debe ausentarse sin que nadie lo sepa?
¿Debe acabar en la más completa indiferencia?

Te encontraron muerto, poeta,
Y atrás dejaste tu cálida estela de huraño
Y la sorprendente verdad de tus palabras

Un hombre como tú, viejo compañero,
Debió saber que a algunos marcó en el alma
Con la impagable verdad de sus versos

(Y que en una calle derruida del centro
Ingresé en La torre de los alucinados
Y entendí para siempre, viejo compañero,
Que eras uno de los nuestros)

Ahora que has muerto, poeta,
Lima es una ciudad más gris
Y la injusticia cree haber ganado la batalla

No sabe que ya eres del tiempo
Y que algún día se impondrá
La verdad luminosa de tus palabras

Y podré agradecerte amigo, compañero,
Por la impagable eternidad de tus versos.

La Colmena (Edward Medina)

En la avenida hay,
a esta hora,
pocos transeúntes.
Un viento amenaza desde otros tiempos
y está la luz adormecida,
el cielo agotado de distancia,
el cuerpo de la noche,
roído entre las sombras
y los luceros gigantes,
predichos por astrónomos,
en lo más alto,
cautivos de palabras.

Dibujo (Judith Paredes Morales)

De pronto todo tiene sentido.
Te imaginé en una vida anterior.
Te tracé con finas líneas negras.
Abrí mis alas.
Sentí por vez primera
a la carne de mi carne.
Abrirse como fruta prohibida,
romperse en rubíes,
devorar al otro.
Decir te amo.
Hoja en blanco.
Delineo tus ojos de niño
mientras las vibraciones sacuden las alas.
Y las fronteras se atenúan.
Tu imagen se extiende en mi piel,
en el fulgor de mis ojos,
en el sonido de mi risa,
en estas oscuras líneas.
Quisiera toparme esta noche con tu presencia.
Sentir la punta de tu deseo.
Tomar con arrebato tu corazón,
y darle morada en mi cuerpo
y devorando el ansia, tragarme a mí también.
¿Habrá una manera de difuminarte?
Abra la oscuridad su puerta blanca.
Te trague la nada.
Rojo refulge el cielo
y una última lágrima moje la piel.

Paso en falso (Juan Carlos Gambirazio)

te pusiste la mirada de costado para perder la voluntad
cargaste con tu vergüenza y la volviste coraza de aniego
maceraste tu nombre con miel de perversión
convertiste en canto el grito de tu alma y te perdiste

hoy vuelves con aires de compasión con la vida hecha
buscando lo que nunca quisiste encontrar esperando
que tu historia se escriba desde el encuadre de un bochorno
descamisada y maternal como si fueras la misma que nunca
llegaste a ser por apatía o pereza por prejuicio o convicción

le cantas a la luna que te da la espalda le ruegas a las calles
que te vieron escapar como puta orgullosa que se precia
de ser nada que se sabe condenada y que juega a ser solemne

Registro del placer (Daniel Mitma)

La bufanda despertó encogida
bajo mi cama, olvido del placer
era la huella de una fugitiva
pacto viejo del adulterio al nacer

Yo no permito sus torpes sospechas
de aritmética para la moral
era la nona de falso coral
otro tacón que mi placer desecha

Ahí dormirá la prenda estos días
debe marcar un territorio estéril
y desdeñar depravaciones mías

Que amenacen su ya recuerdo débil
Ahora paso estas noches frías
Sin fugitivas de cuerpo estéril